Un nuevo estudio ofrece grandes pistas sobre el origen de la eficacia y seguridad de los psicodélicos como medicina.

Bessel van der Kolk, uno de los mayores expertos en traumas del mundo, se mostró escéptico cuando se le propuso estudiar los efectos de los psicodélicos en el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Pero los resultados de su investigación demostraron finalmente que estaba equivocado, en el mejor de los sentidos.

Publicados en un estudio este mes, los hallazgos aportan nuevos conocimientos sobre cómo la terapia combinada con MDMA -la droga psicodélica comúnmente conocida como éxtasis- puede ayudar a las personas que sufren traumas.

Van der Kolk, autor del bestseller The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma (El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la curación del trauma), había oído todos los rumores sobre el potencial terapéutico de la MDMA. La investigación ya había demostrado que ofrecer terapia asistida con MDMA producía una reducción significativa de los síntomas en personas con TEPT, tan significativa que algunas de ellas ya no cumplían los criterios del TEPT tras unas pocas sesiones.

Pero cuando Rick Doblin, fundador de la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos (MAPS), invitó a van der Kolk a colaborar en la dirección de un nuevo estudio sobre la MDMA y el trauma, van der Kolk hizo una advertencia.

“Intenté presionar a Rick para que excluyera a gente del estudio”, relató. “Le dije: por el amor de Dios, no incluyas a personas que nunca se han sentido seguras”.

Estaba diferenciando entre los que padecen TEPT y han sufrido un único trauma más tarde en la vida (por ejemplo, un accidente de coche) y los que han sufrido un trauma evolutivo que se remonta a la infancia, como los que sufrieron abusos de sus padres. Este último grupo no suele responder tan bien a la psicoterapia, por lo que van der Kolk no creía que mejoraran en el transcurso del estudio.

Había mucho en juego: Se trataba de la fase final -la fase 3- del estudio MAPS, cuyo objetivo era convencer a la FDA de que aprobara la terapia asistida con MDMA para el TEPT. Doblin sabía que si los participantes no observaban mejoría, ello podría estropear los resultados de su investigación. Aun así, se negó a hacer caso de la advertencia.

“Dije: Bessel, en nuestra fase 2, trabajamos con personas con TEPT complejo, con abusos sexuales en la infancia, con todo tipo de estilos de apego deficientes… ¡y parece que mejoraron! Así que seguiremos incluyéndolos”, recuerda Doblin.

Ahora, van der Kolk se alegra de que Doblin se mantuviera firme. No sólo se admitió en el estudio a participantes con traumas de la primera infancia, sino que constituyeron el 84% de la muestra, y respondieron muy bien al tratamiento. “Tenemos los mejores datos de resultados con MDMA que he visto en ningún estudio” que intente tratar las huellas del trauma del desarrollo, me dijo van der Kolk.

Pero la gran pregunta es por qué, exactamente, la MDMA tiene este efecto asombroso. ¿Cuál es el mecanismo por el que la MDMA ayuda en el tratamiento del trauma?

Este nuevo estudio ofrece una respuesta tentadora, que sugiere que los enfermos de TEPT con traumas infantiles pueden ser los que más se beneficien de los efectos terapéuticos de la MDMA.

Cómo cambia la MDMA la experiencia que las personas tienen de sí mismas
Los investigadores partieron de la observación de que muchos supervivientes de traumas luchan con diversas capacidades emocionales, lo que les dificulta completar con éxito la psicoterapia centrada en el trauma. Algunos son incapaces de notar e identificar lo que sienten en su interior. Otros luchan con una intensa vergüenza y autoculpabilidad. A otros les resulta increíblemente difícil tolerar la angustia.

Todo ello se correlaciona con malos resultados del tratamiento. Si sientes una abrumadora sensación de vergüenza, por ejemplo, es posible que no creas que mereces recibir tratamiento y sentirte mejor. Los investigadores se preguntaron si la MDMA podría funcionar en parte ayudando a las personas a superar estos impedimentos.

Así que los investigadores reclutaron a 90 participantes en el estudio que padecían TEPT y los dividieron en dos grupos: la mitad recibió terapia con MDMA y la otra mitad recibió terapia con un placebo. El estudio midió cómo les iba con diversas capacidades emocionales antes y después del tratamiento.

Resultó que las personas que tomaron MDMA mejoraron mucho más, tanto en capacidades emocionales específicas como en cuanto al propio TEPT.

Una mejora sorprendente se refería a la capacidad de notar, identificar y describir lo que uno siente en su interior. Los científicos llaman a la incapacidad de hacer eso alexitimia, que en griego significa “sin palabras para la emoción”.

Las personas que crecieron en entornos traumatizantes o negligentes a veces presentan alexitimia, quizá porque de niños aprendieron que comunicar sus sentimientos es ineficaz o incluso peligroso, por lo que se desentienden de sus experiencias internas.

Los científicos saben que la alexitimia tiene implicaciones negativas para la salud mental. En cambio, su opuesto -la granularidad emocional- es bueno para nuestra salud mental. Nos hace más conscientes de nuestras experiencias subjetivas, lo que a su vez nos facilita regular nuestras emociones y mantener la ecuanimidad. Por eso enseñamos a los niños en edad preescolar a identificar sus sentimientos; reconocer “estoy enfadado” o “estoy triste” es el primer paso para aprender a gestionar esas emociones.

En el estudio, la terapia asistida con MDMA se asoció a un descenso significativo de la alexitimia, lo que significa que los participantes eran más capaces de identificar y verbalizar sus emociones. (Los que recibieron terapia con placebo no mostraron esa mejoría.) “Esto sugiere que la terapia asistida con MDMA puede facilitar el acceso a recuerdos y experiencias dolorosas que, en condiciones ordinarias, resultan demasiado abrumadores y aterradores de afrontar”, escriben los autores.

El estudio también descubrió que los participantes que recibieron MDMA desarrollaron significativamente más autocompasión que los que recibieron terapia con placebo.

Para medir la autocompasión, los investigadores utilizaron una escala diseñada por la psicóloga Kristin Neff, pionera en el estudio científico de la autocompasión hace dos décadas. Neff identificó tres componentes de la autocompasión: autocompasión, humanidad común y atención plena.

Autocompasión significa que eres afectuoso contigo mismo cuando sufres o metes la pata, en lugar de juzgarte duramente. Humanidad común significa que te recuerdas a ti mismo que todo el mundo sufre o mete la pata alguna vez, en lugar de sucumbir a la sensación de que eres el único que atraviesa esos retos. La atención plena, en este contexto, significa que ni te identificas demasiado ni demasiado poco con tus pensamientos dolorosos: Los reconoces como dolorosos, pero también reconoces que son sólo pensamientos, no todo tu ser.

Una mentalidad de autocompasión, señalan los autores del nuevo estudio, puede ayudar a dar a las personas la resiliencia que necesitan para enfrentarse a las experiencias traumáticas que intentan procesar. La autocompasión es también un poderoso contrapeso a la vergüenza que a menudo atormenta a los supervivientes de traumas.

Por último, la regulación de las emociones también es clave para la salud mental y para el tratamiento eficaz del TEPT. Dado que el tratamiento suele consistir en exponerte al recuerdo doloroso para que puedas modificarlo, tienes que ser capaz de tolerar la angustia que provoca el recuerdo doloroso. Pero gestionar ese tipo de emoción puede ser muy difícil para las personas con TEPT, y es una de las principales razones por las que la gente abandona el tratamiento.

El estudio descubrió que la terapia con MDMA tenía un efecto importante en la regulación de las emociones, reduciendo la inestabilidad emocional y la desregulación aproximadamente el doble que la terapia con placebo.

¿Cómo encaja esto en lo que ya sabemos sobre la MDMA y los psicodélicos?
Ya sabemos bastante sobre los efectos psicológicos de la MDMA, tanto de estudios de la droga no relacionados con el TEPT como de observaciones más, bueno, informales.

Como puede atestiguar cualquiera que haya visto alguna vez un charco de mimos en una rave, la MDMA nos hace más sociables. Se sabe que fomenta un sentimiento de apertura y conexión con los demás. Las investigaciones también demuestran que aumenta lo positivamente que nos sentimos ante los recuerdos agradables y reduce lo negativamente que nos sentimos ante los recuerdos dolorosos. E inhibe el miedo con que respondemos a estímulos emocionalmente amenazadores.

Estos efectos podrían estar sentando las bases para que las personas sitúen sus experiencias traumáticas en una perspectiva más adaptativa. Pregunté a van der Kolk qué relación cree que existe entre estos efectos conocidos y los efectos que descubrió sobre la alexitimia, la autocompasión y la regulación de las emociones.

Su hipótesis actual: Los cambios en las capacidades emocionales sustentan los demás cambios que ya sabemos que están asociados a la MDMA. Por ejemplo, aumentar tu capacidad de autocompasión podría ser el mecanismo por el que empiezas a sentirte menos negativamente ante los recuerdos dolorosos. Puede que pienses: “Lo hice lo mejor que pude con la comprensión y la conciencia que tenía en ese momento”, en lugar de pensar: “Lo estropeé de esa manera porque soy una persona terrible y vergonzosa”.

Otro ejemplo: La mejora de la capacidad de regulación de las emociones, como descubrió el estudio entre los pacientes que consumían MDMA, podría ser el mecanismo por el que eres capaz de responder con menos temor a los estímulos emocionalmente amenazadores, incluidos, quizá, los recuerdos angustiosos que traes a colación al procesar el trauma.

“Estratégicamente, cuando tuve que decidir qué droga [probar] y qué afección [tratar], pensé que la MDMA tenía más probabilidades de obtener buenos resultados que cualquiera de los otros psicodélicos clásicos, debido a esa reducción del miedo que se obtiene con la MDMA”, me dijo Doblin.

Aunque ya existen investigaciones que demuestran que los psicodélicos nos ayudan a desaprender viejas asociaciones y a aprender otras nuevas, y otros psicodélicos se han utilizado para tratar traumas -a veces con éxito, como en el caso del LSD administrado a supervivientes del Holocausto-, Doblin cree que la MDMA puede ser más adecuada.

“No hay reducción del miedo en la experiencia del LSD, mientras que sí la hay con la MDMA”, afirma Doblin. Según su experiencia ofreciendo terapia asistida con psicodélicos, las personas que intentan procesar el trauma con LSD a veces sienten tanto pánico ante sus dolorosos recuerdos que no pueden avanzar. Ahí es donde los efectos reductores del miedo de la MDMA pueden ser útiles. (Ten en cuenta, no obstante, que para determinar qué psicodélicos son mejores para procesar un trastorno como el TEPT se necesitarían estudios comparativos).

Nada de esto quiere decir que los psicodélicos por sí solos sean una panacea para el trauma. La curación se produce no sólo por algún cambio neuroquímico que se desencadena automáticamente al ingerir la droga, sino porque se ingiere en el contexto de una psicoterapia.

Van der Kolk dijo que recomendaría la terapia como primer paso para las personas con TEPT. Algunas puntúan bien en capacidades como la alexitimia, la autocompasión y la regulación de las emociones. Y como muestra su nuevo estudio, “si las personas empezaban teniendo estas capacidades mentales, les iba muy bien la psicoterapia sola”, dijo.

Pero para la parte de la gente que tiene dificultades con estas capacidades, la psicoterapia por sí sola puede no llevarles muy lejos. Ahí es donde podrían entrar los psicodélicos.

Van der Kolk recientemente presentó los hallazgos de su estudio durante la Conferencia de Trauma celebrada en Ciudad de México, y organizada por el Instituto Newman quién está impulsando y difundiendo la Terapia Psicodélica para el Trauma.

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